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<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://proximaestacion.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>proximaestacion</title><description/><link>https://proximaestacion.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>Limpiando recuerdos</title><link>https://proximaestacion.blogia.com/2006/040505-limpiando-recuerdos.php</link><guid isPermaLink="true">https://proximaestacion.blogia.com/2006/040505-limpiando-recuerdos.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoBodyText">Le vi por casualidad una ma&ntilde;ana de domingo. Los paseantes miraban curiosos, pero ninguno paraba. Se llamaba Antonio Mart&iacute;nez. A sus ochenta y cinco a&ntilde;os, se sentaba todas las ma&ntilde;anas a tejer sus gorros y boinas a la vera del Arga. Con un banco y un peque&ntilde;o tejadillo de madera creaba su propio puesto de venta y al mismo tiempo, se cobijaba los d&iacute;as de lluvia. A sus pies, un cartel de letra temblorosa: &ldquo;Gorros por cuatro, cinco y siete euros&rdquo;. No s&eacute; por qu&eacute; me acerqu&eacute;. Quiz&aacute; me inspir&oacute; ternura, tan mayor, tan solo. O tal vez supuse que, como tantos otros abuelos, aquel hombre ten&iacute;a mucho que decir y pocos a quienes contarlo. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&ldquo;Est&aacute;n muy bien&rdquo;, coment&eacute; refiri&eacute;ndome a sus gorros. Cos&iacute;a uno rojo de lana. &Eacute;l, sorprendido, me mir&oacute; en silencio con su cara arrugada y sigui&oacute; su trabajo. De normal no soy tan pesada, pero hice un segundo intento por hacerle hablar. &ldquo;Est&aacute; bonito, &iquest;eh?&rdquo;, le dije se&ntilde;alando al r&iacute;o. Hac&iacute;a sol y en esa zona pr&oacute;xima a Burlada el agua del Arga brillaba. &ldquo;S&iacute;, bonito y sucio&rdquo;, me dijo muy serio. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">En las m&aacute;rgenes del r&iacute;o, los patos esquivaban papeles, dos bolsas de pl&aacute;stico y una lata de Coca-Cola de alguien tan est&uacute;pido que ignoraba la existencia de algo llamado &ldquo;papelera&rdquo;. &ldquo;De ni&ntilde;o me encantaba ba&ntilde;arme con los amigos. El agua estaba muy fr&iacute;a, pero lo pas&aacute;bamos muy bien&rdquo;, me empez&oacute; a contar Antonio. Conversar sobre el Arga le despert&oacute; de su obligado letargo y estuve un rato escuchando sus preocupaciones. &ldquo;Lo limpiaron hace unos a&ntilde;os, pero parece que ahora se les ha olvidado&rdquo;. Al final, le compr&eacute; uno de sus gorros.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Con el Plan Integral del R&iacute;o Arga se ha mejorado mucho. Uno puede pasear durante tres horas con el discurrir del agua de fondo y sentir que est&aacute; lejos de la ciudad, oler a campo. Pero sigue habiendo vertidos de hidrocarburos junto al Puente de Burlada; aguas negras y residuales en la Magdalena y en el Puente del Plazaola; aguas fecales en Santa Engracia y zonas contaminadas por el Matadero y los lixiviados (un l&iacute;quido negro y maloliente que se desprende de la materia org&aacute;nica degradada) del vertedero de Aranguren.<span>&nbsp; </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Para los que no entendemos de residuos t&oacute;xicos, el r&iacute;o simplemente viste un color verduzco, como si alguien acabara de limpiar un pincel en sus aguas y las hubiera dejado turbias. A uno se le quitan las ganas de ba&ntilde;arse en &eacute;l. La &ldquo;Cultura del Arga&rdquo; de la que algunos hablan se pierde entre la basura. Cuarenta a&ntilde;os atr&aacute;s, la gente iba al r&iacute;o a pasar la tarde, a ba&ntilde;arse y a pescar. Ahora los domingos, los padres llevan a sus hijos a los centros comerciales. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Con la primavera, las huertas que rodean al Arga a su paso por Pamplona se librar&aacute;n de los toldos blanquecinos y mostrar&aacute;n los tomates y las lechugas. A poca distancia, en el centro de la ciudad, los pamploneses vivir&aacute;n con rapidez y descuido, olvidando que tienen a sus pies un tesoro fluvial de historias y recuerdos. Y Antonio seguir&aacute; tejiendo en soledad, lament&aacute;ndose cada vez que mire a su r&iacute;o y lo vea igual de sucio. Hay que limpiarlo. Aunque s&oacute;lo sea por Antonio.</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Wed, 05 Apr 2006 18:45:00 +0000</pubDate></item><item><title>Misterios de las microondas</title><link>https://proximaestacion.blogia.com/2006/040504-misterios-de-las-microondas.php</link><guid isPermaLink="true">https://proximaestacion.blogia.com/2006/040504-misterios-de-las-microondas.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">O naces con un don especial para las tecnolog&iacute;as o el mundo se te complica por momentos. Yo cre&iacute;a tener suficiente con los ordenadores, pero &uacute;ltimamente los m&oacute;viles no se est&aacute;n quedando atr&aacute;s. El otro d&iacute;a fui a comprarme uno y me apresur&eacute; a pedir: &ldquo;El m&aacute;s sencillo, por favor&rdquo;. Por fortuna, me libr&eacute; de salir con m&oacute;vil, c&aacute;mara digital, Internet, televisi&oacute;n y GPS incorporado, que luego no sabr&iacute;a<span>&nbsp; </span>utilizar.<span>&nbsp; </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, el m&oacute;vil ha pasado de ser un complemento m&aacute;s del atuendo de empresarios de corbata y prisas, a bien de dominio p&uacute;blico. El 90% de los espa&ntilde;oles tiene uno y el n&uacute;mero total de m&oacute;viles en nuestro pa&iacute;s duplica al de tel&eacute;fonos fijos. Pero adem&aacute;s de la cantidad, tambi&eacute;n han aumentado los usos que se le dan. Uno no lleva un m&oacute;vil s&oacute;lo para llamar cuando se queda tirado en la carretera o perdido en el monte. Se pueden hacer muchas m&aacute;s cosas y las creemos &uacute;tiles. La &uacute;ltima, un m&oacute;vil que se activa en los restaurantes y te dice si tus amigos est&aacute;n a menos de un kil&oacute;metro a la redonda para llamarles y cenar con ellos. De locos.<span>&nbsp; </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Con esto de los celulares se ha creado un lenguaje especial, no s&oacute;lo en mensajes escritos (&ldquo;k qesta muxas vecs ntender&rdquo;), sino tambi&eacute;n para las dichosas llamadas perdidas. Mis amigas son aficionadas y no me ha quedado otra que aprender a descifrarlas. Est&aacute;n las del tipo &ldquo;me acuerdo de ti&rdquo; (&iquest;hay algo m&aacute;s fr&iacute;o para mostrar sentimientos que un m&oacute;vil?); las de &ldquo;he recibido tu mensaje&rdquo; o &ldquo;Maite, te estoy esperando. Llegas tarde como siempre&rdquo;. Pero sin duda las que m&aacute;s odio son las que se repiten unos cuantos segundos despu&eacute;s: &ldquo;No tengo saldo, ll&aacute;mame t&uacute;&rdquo;. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Aunque las &ldquo;perdiditas&rdquo; sean gratuitas, yo cada vez gasto m&aacute;s sin darme cuenta y me he habituado a llevar el m&oacute;vil siempre en el bolsillo si no lo tengo pegado a la oreja. Por eso prefiero no pensar en esas investigaciones que dicen que las emisiones electromagn&eacute;ticas de los celulares son perjudiciales para la salud. &ldquo;Las microondas del m&oacute;vil provocan alzheimer, cataratas, insomnio y fuertes dolores de cabeza&rdquo;, le&iacute; el otro d&iacute;a. En teor&iacute;a no hay nada confirmado o no se quiere confirmar, porque lo del m&oacute;vil es todo un negocio. Se venden fundas para que no se nos estropee el m&oacute;vil, carcasas de todos los colores o nos bombardean con el &ldquo;pon en tu m&oacute;vil tono o politono&rdquo;. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Sea malo o no, ya se vende por veinte euros en las farmacias un aparato peque&ntilde;o y gris que se coloca en el m&oacute;vil y absorbe las microondas da&ntilde;inas que giran a nuestro alrededor. Mi amiga Andrea, siempre a la &uacute;ltima, ya lo tiene. Yo usar&eacute; los veinte euros para recargar el saldo, pero por si acaso no me voy a despegar de Andrea. Ahora les dejo, que tengo una llamada.<span>&nbsp; </span></p>   <p class="MsoNormal">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Wed, 05 Apr 2006 18:40:00 +0000</pubDate></item><item><title>Objetivos de nadie</title><link>https://proximaestacion.blogia.com/2006/040503-objetivos-de-nadie.php</link><guid isPermaLink="true">https://proximaestacion.blogia.com/2006/040503-objetivos-de-nadie.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">La campa&ntilde;a &ldquo;0,7%, ya&rdquo; reson&oacute; con fuerza en 1994 por toda Espa&ntilde;a. Yo era una ni&ntilde;a, pero conservo un ligero recuerdo. Una imagen difusa de tiendas de campa&ntilde;a en los jardines del Paseo Sarasate, donde mi hermano mayor y mucha gente m&aacute;s iban a pasar la noche por algo que tard&eacute; varios a&ntilde;os en entender. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Si hoy preguntas por la calle qu&eacute; es eso del 0,7%, a la gente le suena, aunque no entienda los aspectos m&aacute;s t&eacute;cnicos y le importe poco si se habla del<span>&nbsp; </span>porcentaje aplicado al PNB, al PIB o a qu&eacute;. En cambio, en plena campa&ntilde;a internacional de &ldquo;Pobreza Cero&rdquo;, casi nadie sabe de qu&eacute; va eso. La propuesta surgida en el 2000 tiene un plazo l&iacute;mite y parece que el 2015 va a llegar antes de que la gente sepa siquiera de qu&eacute; se trata. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">No dudo de que la insuficiente publicidad favorece el desconocimiento, pero me parece excesivo que un 72 % de los espa&ntilde;oles no haya escuchado jam&aacute;s eso de &ldquo; los Objetivos del Milenio&rdquo;. Qu&eacute; sorpresa se llevar&iacute;an algunos si llegan a cumplirse. Imag&iacute;nense un mundo donde nadie pasara hambre y todos tuvieran acceso a la educaci&oacute;n primaria; con igualdad de g&eacute;nero; en el que se hubiese reducido a la mitad la mortalidad infantil y mejorado la salud materna; donde se combatiera el sida y otras enfermedades o en el que la sostenibilidad ambiental estuviera garantizada. Imag&iacute;nense todo eso para dentro de nueve a&ntilde;os... Imag&iacute;nenselo ustedes, que yo no s&eacute; si puedo.</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Escuch&eacute; explicar a Pablo Mart&iacute;nez Os&eacute;s, coordinador de la campa&ntilde;a hasta el a&ntilde;o pasado, c&oacute;mo los ocho objetivos se pueden cumplir tanto econ&oacute;mica como t&eacute;cnicamente, pero que falta voluntad pol&iacute;tica. Falta voluntad pol&iacute;tica, s&iacute;; pero tambi&eacute;n se necesita que todo el mundo conozca esos acuerdos para que puedan exigirse. Si no, no es posible ning&uacute;n cambio. La manifestaci&oacute;n de diciembre en Pamplona a favor de la campa&ntilde;a Pobreza Cero fue todo menos multitudinaria. A mi alrededor, o&iacute; decir a un incansable miembro de una ONGD: &ldquo;Es por el mal tiempo&rdquo;. Me pregunto si tres meses despu&eacute;s y con sol, nos juntar&iacute;amos de nuevo tan s&oacute;lo cien pamploneses para pedir que los Objetivos no se queden en palabras bonitas.<span>&nbsp; </span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span>&nbsp;</span></p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Preferir&iacute;a incluso que la gente saliera a la calle a gritar en contra de la propuesta a este silencio. Al menos habr&iacute;a debate y demostrar&iacute;amos nuestro malestar ante promesas que se hacen y luego no se cumplen. Pero hay mucho desconocimiento y demasiada comodidad. No s&oacute;lo se trata de una cuesti&oacute;n de justicia. En las Cumbres Internacionales donde se re&uacute;nen los pol&iacute;ticos, adem&aacute;s de sacarse la foto, de vez en cuando firman acuerdos importantes. No nos estamos enterando o, peor a&uacute;n, cuando sabemos de qu&eacute; van, no hacemos nada por exigir que se cumplan. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Me gustar&iacute;a vivir algo as&iacute; en primera persona. Una noche entre amigos y desconocidos en tiendas de campa&ntilde;a, pasando fr&iacute;o por algo que vale la pena. Vistas las motivaciones actuales, quiz&aacute; haya que proponer algo as&iacute; como &ldquo;el botell&oacute;n solidario&rdquo;. Para eso s&iacute; que sabemos juntarnos. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span>&nbsp; </span></p>]]></description><pubDate>Wed, 05 Apr 2006 18:39:00 +0000</pubDate></item><item><title>Siete buenas vidas</title><link>https://proximaestacion.blogia.com/2006/040502-siete-buenas-vidas.php</link><guid isPermaLink="true">https://proximaestacion.blogia.com/2006/040502-siete-buenas-vidas.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoBodyText">Se llamaba Sucky. Lleg&oacute; a la familia de mi t&iacute;a un par de a&ntilde;os antes de que yo naciera y creci&oacute;, sobre todo a lo ancho, rodeado del cari&ntilde;o de mis t&iacute;os y mis primos. Recuerdo el d&iacute;a en que mi t&iacute;a nos llam&oacute; a casa muy apurada y nos dijo llorando que Sucky estaba ingresado porque le hab&iacute;an detectado una diabetes. Desde entonces, a su mantenimiento habitual, hubo que sumarle la insulina, y con el tiempo, Sucky tuvo que entrar en quir&oacute;fano en dos ocasiones por una complicaci&oacute;n en el ri&ntilde;&oacute;n. </p>   <p class="MsoBodyText">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">En mi casa, la noticia de su enfermedad nos sorprendi&oacute; e incluso nos hizo gracia, porque desconoc&iacute;amos que los gatos pudieran padecer de diabetes. S&iacute;, Sucky era un gato. Ten&iacute;a un pelaje oscuro gris&aacute;ceo y era tan gordo que casi no se pod&iacute;a mover. Me llamaba la atenci&oacute;n su naricilla rosada que nunca dejaba tocar y un curioso tic en su oreja derecha. Si no fuera porque siempre pasaba indiferente ante todos y nos miraba impasible, tal vez le hubiera librado de la etiqueta de &ldquo;arisco&rdquo; que muchos gatos llevan injustamente (ya digo que este no es el caso). </p>   <p class="MsoBodyText">&nbsp;</p>   <p class="MsoBodyText">Eso s&iacute;, era el alma de la familia y le trataban como tal. Sucky viv&iacute;a en una c&oacute;moda casa de edred&oacute;n con dibujos de gatos en la colcha, dorm&iacute;a sobre el radiador todo el d&iacute;a y s&oacute;lo estiraba sus diminutas patitas para hacer uso de su ba&ntilde;o particular (una enorme caja llena de piedras <em>Goti Cat</em>) o para comer las galletas <em>Miau</em> que le esperaban en la cocina. Mir&aacute;ndole, uno comprend&iacute;a por qu&eacute; dicen que los gatos pueden vivir siete vidas. Mis parientes<span>&nbsp; </span>estabas locos con &eacute;l y mi t&iacute;a dec&iacute;a que era como un hijo. Yo le miraba perpleja cuando le hablaba con grandes aspavientos como si el gato pudiera entenderla, pero me daba pena quitarle la ilusi&oacute;n haci&eacute;ndole ver que, dijera lo que dijera, Sucky no cambiaba de cara. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Tal vez el hecho de que yo nunca haya tenido un animal en casa me haga m&aacute;s insensible a este tipo de situaciones. No es que est&eacute; en contra de tener animales en casa, pero en ciertos momentos siento que tanto cuidado roza la frivolidad. Cuando voy por la calle, por ejemplo, y veo un perro disfrazado de escoc&eacute;s con una manta de cuadros, no puedo evitar preguntarme en qu&eacute; estaba pensando el due&ntilde;o al pon&eacute;rsela. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">&nbsp;</p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Sucky muri&oacute; hace un par de meses. &ldquo;De viejo&rdquo;, le dijo el veterinario a mi t&iacute;a, que se consum&iacute;a en l&aacute;grimas. Hoy su foto sigue presidiendo el sal&oacute;n, como alguien importante, como un gato importante; y yo a veces siento que me mira. Sus redondos ojos me recriminan, porque sabe que pienso que el cuidado de los animales tiene un l&iacute;mite. Que no ser&aacute; justo que tratemos a los gatos, los perros y a todo ser vivo sin uso de raz&oacute;n como a<span>&nbsp; </span>reyes, mientras no nos hagamos cargo de personas de carne y hueso que no tienen ni d&oacute;nde vivir. &iquest;He dicho que me observa? Creo que paso demasiado tiempo con mi familia. </p>]]></description><pubDate>Wed, 05 Apr 2006 18:37:00 +0000</pubDate></item><item><title>Conductores de oro</title><link>https://proximaestacion.blogia.com/2006/040501-conductores-de-oro.php</link><guid isPermaLink="true">https://proximaestacion.blogia.com/2006/040501-conductores-de-oro.php</guid><description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"> </p>      <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"> </p>      <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span> </span></p>      <p class="MsoBodyText"> </p>   <p class="MsoBodyText">Es mi cuarto intento. Cuando ya he perdido el benepl&aacute;cito de &ldquo;a la tercera va la vencida&rdquo;,<span>  </span>abro el manual de &ldquo;Aprender a Conducir&rdquo; y pienso: &ldquo;Esta vez s&iacute;&rdquo;. Comienzo por el tema uno, &ldquo;Definiciones de veh&iacute;culos&rdquo;, y me entretengo mirando las fotograf&iacute;as. &ldquo;Es infumable&rdquo;, pienso. Pero me obligo a m&iacute; misma a estudiar porque pagu&eacute; una matr&iacute;cula demasiado cara hace ya ni me acuerdo y, al parecer, el dichoso examen se va a complicar. </p><p class="MsoBodyText"><br /> La teor&iacute;a es importante, no lo dudo, aunque ahora mismo, por ejemplo, me importa bastante poco la diferencia entre un tractocami&oacute;n y un tractocarro porque no tengo intenci&oacute;n de conducir ninguno de los dos. Pero me preocupa m&aacute;s pensar, que dentro de unos meses, puede que forme parte de ese porcentaje que dice que el 67% de los espa&ntilde;oles no sabe poner las cadenas al coche o del 72% de conductores que reconocen no estar preparados para conducir con nieve.</p><p class="MsoBodyText"><br /> Con estas preocupaciones y alguna m&aacute;s, me mont&eacute; el otro d&iacute;a en el coche de una amiga que hace ahora un mes que se ha sacado el carn&eacute;. Con la ilusi&oacute;n del principiante por mirar el mundo con las manos puestas en un volante y ese miedo que suele sentir el copiloto que acompa&ntilde;a al conductor novel, nos dirigimos por la carretera nacional direcci&oacute;n Huesca. Nada m&aacute;s salir, tuvimos la suerte de toparnos con un cami&oacute;n enorme; concretamente, un veh&iacute;culo articulado (p&aacute;gina 25 del manual) que iba a 80 kil&oacute;metros por hora. Mi amiga, con cara de concentraci&oacute;n, se asomaba de vez en cuando en un alarde de valent&iacute;a extrema para ver si pod&iacute;a adelantar. Desechada la idea, se puso seria y me dijo: &ldquo;A m&iacute; me han ense&ntilde;ado a aprobar un examen, no a conducir&rdquo;. Tembl&eacute; pensando con la posibilidad de aprobar el examen sabiendo tan s&oacute;lo darles a los pedales y controlando la posici&oacute;n de los retrovisores.</p><p class="MsoBodyText"><br /> Volv&iacute; a casa pensativa. Las autoescuelas juegan con la seguridad de que el carn&eacute; es algo que se necesita, pero 35 euros la hora, en mi pueblo y en todos, es un robo. La gente intenta hacer el menor n&uacute;mero de horas posibles y sale a la carretera sin saber nada. Adem&aacute;s, muchos profesores se esfuerzan tan s&oacute;lo en ense&ntilde;ar c&oacute;mo aprobar el examen, con lo que se llega al mismo resultado. Si no fuera tan caro, quiz&aacute; no reducir&iacute;amos las clases pr&aacute;cticas a una cuesti&oacute;n de &ldquo;a ver si gasto un poco menos&rdquo;. No se aprende a conducir en veinte horas.</p><p class="MsoBodyText"><br /> Estoy atascada desde hace rato en el tema uno. Qui&eacute;n sabe, con un poco de suerte y a este ritmo, tal vez bajen los precios de las clases pr&aacute;cticas para cuando me toque. </p>   <p class="MsoNormal" style="text-align: justify"> </p>]]></description><pubDate>Wed, 05 Apr 2006 18:36:00 +0000</pubDate></item><item><title>Bienvenido</title><link>https://proximaestacion.blogia.com/2006/032901-bienvenido.php</link><guid isPermaLink="true">https://proximaestacion.blogia.com/2006/032901-bienvenido.php</guid><description><![CDATA[Ya tienes weblog.<br /><br />Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:</p> <ol>   <li> busca el enlace <strong>Administrar</strong> en esta misma página. <br>   </li>   <li>Deberás introducir tu clave para poder acceder.</li> </ol> <p><br> Una vez dentro podrás: </p> <ul>   <li>editar los artículos y comentarios (menú <strong>Artículos</strong>); <br>   </li>   <li>publicar un nuevo texto (<strong>Escribir nuevo</strong>); <br>   </li>   <li>modificar la apariencia y configurar tu bitácora (<strong>Opciones</strong>); <br>   </li>   <li>volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (<strong>Salir al blog</strong>). </li> </ul> <p><br> Puedes eliminar este artículo (en Artículos &gt; eliminar). ¡Que lo disfrutes!]]></description><pubDate>Wed, 29 Mar 2006 11:13:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
