Misterios de las microondas
O naces con un don especial para las tecnologías o el mundo se te complica por momentos. Yo creía tener suficiente con los ordenadores, pero últimamente los móviles no se están quedando atrás. El otro día fui a comprarme uno y me apresuré a pedir: “El más sencillo, por favor”. Por fortuna, me libré de salir con móvil, cámara digital, Internet, televisión y GPS incorporado, que luego no sabría utilizar.
En los últimos diez años, el móvil ha pasado de ser un complemento más del atuendo de empresarios de corbata y prisas, a bien de dominio público. El 90% de los españoles tiene uno y el número total de móviles en nuestro país duplica al de teléfonos fijos. Pero además de la cantidad, también han aumentado los usos que se le dan. Uno no lleva un móvil sólo para llamar cuando se queda tirado en la carretera o perdido en el monte. Se pueden hacer muchas más cosas y las creemos útiles. La última, un móvil que se activa en los restaurantes y te dice si tus amigos están a menos de un kilómetro a la redonda para llamarles y cenar con ellos. De locos.
Con esto de los celulares se ha creado un lenguaje especial, no sólo en mensajes escritos (“k qesta muxas vecs ntender”), sino también para las dichosas llamadas perdidas. Mis amigas son aficionadas y no me ha quedado otra que aprender a descifrarlas. Están las del tipo “me acuerdo de ti” (¿hay algo más frío para mostrar sentimientos que un móvil?); las de “he recibido tu mensaje” o “Maite, te estoy esperando. Llegas tarde como siempre”. Pero sin duda las que más odio son las que se repiten unos cuantos segundos después: “No tengo saldo, llámame tú”.
Aunque las “perdiditas” sean gratuitas, yo cada vez gasto más sin darme cuenta y me he habituado a llevar el móvil siempre en el bolsillo si no lo tengo pegado a la oreja. Por eso prefiero no pensar en esas investigaciones que dicen que las emisiones electromagnéticas de los celulares son perjudiciales para la salud. “Las microondas del móvil provocan alzheimer, cataratas, insomnio y fuertes dolores de cabeza”, leí el otro día. En teoría no hay nada confirmado o no se quiere confirmar, porque lo del móvil es todo un negocio. Se venden fundas para que no se nos estropee el móvil, carcasas de todos los colores o nos bombardean con el “pon en tu móvil tono o politono”.
Sea malo o no, ya se vende por veinte euros en las farmacias un aparato pequeño y gris que se coloca en el móvil y absorbe las microondas dañinas que giran a nuestro alrededor. Mi amiga Andrea, siempre a la última, ya lo tiene. Yo usaré los veinte euros para recargar el saldo, pero por si acaso no me voy a despegar de Andrea. Ahora les dejo, que tengo una llamada.
2 comentarios
foki rak -
también seguiremos llegando tarde a pesar de las perdidas.
por cierto mai,no sabia que escribías tan bien.en serio,enhorabuena,estoy gratamente sorprendida. :-p
carol -