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Objetivos de nadie

La campaña “0,7%, ya” resonó con fuerza en 1994 por toda España. Yo era una niña, pero conservo un ligero recuerdo. Una imagen difusa de tiendas de campaña en los jardines del Paseo Sarasate, donde mi hermano mayor y mucha gente más iban a pasar la noche por algo que tardé varios años en entender.

 

Si hoy preguntas por la calle qué es eso del 0,7%, a la gente le suena, aunque no entienda los aspectos más técnicos y le importe poco si se habla del  porcentaje aplicado al PNB, al PIB o a qué. En cambio, en plena campaña internacional de “Pobreza Cero”, casi nadie sabe de qué va eso. La propuesta surgida en el 2000 tiene un plazo límite y parece que el 2015 va a llegar antes de que la gente sepa siquiera de qué se trata.

 

No dudo de que la insuficiente publicidad favorece el desconocimiento, pero me parece excesivo que un 72 % de los españoles no haya escuchado jamás eso de “ los Objetivos del Milenio”. Qué sorpresa se llevarían algunos si llegan a cumplirse. Imagínense un mundo donde nadie pasara hambre y todos tuvieran acceso a la educación primaria; con igualdad de género; en el que se hubiese reducido a la mitad la mortalidad infantil y mejorado la salud materna; donde se combatiera el sida y otras enfermedades o en el que la sostenibilidad ambiental estuviera garantizada. Imagínense todo eso para dentro de nueve años... Imagínenselo ustedes, que yo no sé si puedo.

 

Escuché explicar a Pablo Martínez Osés, coordinador de la campaña hasta el año pasado, cómo los ocho objetivos se pueden cumplir tanto económica como técnicamente, pero que falta voluntad política. Falta voluntad política, sí; pero también se necesita que todo el mundo conozca esos acuerdos para que puedan exigirse. Si no, no es posible ningún cambio. La manifestación de diciembre en Pamplona a favor de la campaña Pobreza Cero fue todo menos multitudinaria. A mi alrededor, oí decir a un incansable miembro de una ONGD: “Es por el mal tiempo”. Me pregunto si tres meses después y con sol, nos juntaríamos de nuevo tan sólo cien pamploneses para pedir que los Objetivos no se queden en palabras bonitas. 

 

Preferiría incluso que la gente saliera a la calle a gritar en contra de la propuesta a este silencio. Al menos habría debate y demostraríamos nuestro malestar ante promesas que se hacen y luego no se cumplen. Pero hay mucho desconocimiento y demasiada comodidad. No sólo se trata de una cuestión de justicia. En las Cumbres Internacionales donde se reúnen los políticos, además de sacarse la foto, de vez en cuando firman acuerdos importantes. No nos estamos enterando o, peor aún, cuando sabemos de qué van, no hacemos nada por exigir que se cumplan.

 

Me gustaría vivir algo así en primera persona. Una noche entre amigos y desconocidos en tiendas de campaña, pasando frío por algo que vale la pena. Vistas las motivaciones actuales, quizá haya que proponer algo así como “el botellón solidario”. Para eso sí que sabemos juntarnos.

 

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